viernes, 8 de junio de 2018

Sin título #1



El día que se secaren mis fuentes
Cuando ya no sea capaz de derramar una gota
De sudor, lágrima o baba
Atravesaré tu cuerpo fresco con mi sequía
Y contemplaré en la mueca de tu olvido
Las esqueléticas raíces
Rúbrica de
Dedos fósiles aferrados a la última esperanza




domingo, 15 de abril de 2018

S/T #2




Nos íbamos por las ramas
Avanzando un hipertexto para que los demás creyesen en lo que ocultábamos
Filtramos la realidad de cada instante
Antes de tirarla a la corriente helada  que la reclamaba
Fuimos la corteza que se desprende de cada día
Y deja al descubierto la piel tierna con la que renacemos

Renacemos
Pero sólo somos nosotros
Siempre
Y nos basta


.

sábado, 14 de abril de 2018

S/T #1




Hay un horror bajo las piedras
Y rechina con cada suela deslumbrada
En el reposo del polvo
Mudo con el silencio que acarrean palabras mulas
subiendo y bajando cimas y valles en la memoria
Un horror que saboreamos a caladas de rubio
Con los ojos entornados hacia el azul samurai que oímos en las caracolas
Hay un horror perro
Que nos muerde la mano

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Sequía



Llevo en la boca el sabor de la sequía 
Palabras que fueron  agua
Y ahora dibujan escuálidas grafías ininteligibles
Apenas se adivinan en el barro agrietado que sólo condensa sombras de sal

Callar como resistencia
Callar como revolución
El silencio que desprecia el escudo del vacío vocinglero
El silencio lanceolado que atraviesa yelmos inánimes
Callar como calla el aire cuando crujen los huesos

Llevo en la boca el sabor de la sequía
Aprenderé a degustarlo despacio
Cuando la haga estallar contra el cielo
Y me devuelva el sonido de la lluvia horadando la tierra con fonemas fecundos

El silencio como tabla de salvación
El silencio como ola que escupe en una playa pedregosa
Callar ante la algarabía de los elementos
Callar frente al discurso blando y gris de una tempestad inesperada
El silencio como detonante de la chispa que prenderá la pira

Llevo en la boca el sabor de la sequía
Y bajo el pecho un manantial

sábado, 9 de diciembre de 2017

Otra tarde



Esperé aquella tarde como había esperado otras
Pasando a través de un tiempo adoleciente de sosiego
necesitado de lo inaudito de una sombra en la absoluta oscuridad
Esperé aquella tarde y la atravesé
Casi con furia
Separando las aguas con la violencia de la luz repentina
Sangrante zarpazo en el costado que tiñó las nubes sorprendidas
Doliente ser atrapado entre las gotas heladas y el hambre bruta encendida en los dientes
Boca de noche que amenaza con perpetuarse más que nunca
Esperé aquella tarde como el salmón el desove
Sabiéndola definitiva, fría y húmeda
Saboreándola dulce en la memoria de la sal
Escupiéndola amarga entre las piedras que parían relámpagos
Esperé aquella tarde como a otras tantas
Que no llegaron
Entre sus últimos coletazos
Hay un lugar en el que las espinas de piedra trazan relatos
Revelados en charcos de sol



viernes, 24 de noviembre de 2017

Víspera

Sigo disfrutando del insomnio cuando duermes
en lo profundo de mi costado
Robándome el discernimiento de la luz
a la sombra de un semáforo intermitentemente locuaz
Abocándome a soñar despierta con calles desiertas
que sólo yo puedo cruzar
Sola
Haciéndome trepar ciega hasta el borde del espejo roto
que sangra en mis manos
Dejando que se derrita cada glaciar
que pueda olvidar las ablaciones de la memoria y se tiñan los valles de palabras vivas
Sigo esperando cada insomnio bajo tu aliento
cobijada en este reino imposible que es un invierno casi azul
una estación perdida entre geografías y almanaques
un lecho de monte bajo
las sábanas raídas
iteraciones entre las sombras proyectadas al calor de la onda expansiva del último telediario.

jueves, 12 de octubre de 2017

Espejo






Recogí el rastro de la tristeza
En el borde del camino
Me habló en azul marengo
Como hablan los tilos a media noche y la adiviné
Hambrienta de razones
Lamenté
La brevedad de su relato
Y el furioso silencio desparramándose por las laderas
Denso y lento
Continente desierto a la deriva de mis ojos
Balsa vacía en un océano plano que devuelve
La intuición de la hondura en la que nos ahogamos
Cada vez
Con cada palabra
Tejo una red con la que atraparlas
Cuando el miedo del cardumen remueva lechos arenosos
Y nos engañe
Y las vomite en su orilla
Y nos engañe
Con cada arcada
Cada vez que demos un paso
Y nos engañe
con sus pequeños destellos de coquinas entre sílices
Bajo los que mirarnos y descubrirnos aleados con arsénico
Llegará en el olor de la madera seca
Crujirá la piel del bosque en las puntas de mis dedos
Y las agujas aguardarán
Las esporas del amanecer
Saciará su hambre
Y se multiplicarán sus panes y sus peces
Alimentará a la muchedumbre
Ávida de prestidigitaciones
Ignorante de balsas, de redes
Y de vejigas natatorias.