La primera, la igual, la que conoció y nombró....Lilith, acallada, superviviente, libre, eterna... Lilith conoce.
viernes, 4 de diciembre de 2015
REM
Desde el borde de este cráter
El océano de la noche trae su fata morgana
Cabalgando la marea alta
Espera que rompa
Y encontrarás una vida abandonada en la orilla
Ahogada en plata
Entre el crepitar de espumas inaudibles
Devuelta a la tierra de las estrellas negras
Y ahora pregúntale de dónde vino el temblor de su piel
Cuándo supo que saltar al abismo no era difícil
... no esperes repuesta
Quedó sumergida en la llanura abisal que la recogió
Allí dejó el lastre de alas rotas
Junto a las lágrimas perdidas entre sal y carbonatos
Allí se arrancó la piel azul
En jirones de aguas profundas y heladas
Allí amontonó los retazos de tiempo en los que esperó acurrucada
Hasta que se le entumecieron los recuerdos
Allí vació sus sordas letanías
Trenzadas para atarse a la pira del olvido
... no esperes respuesta
Y ahora recógela y arrástrala hasta el fuego de tus lares
Tal vez la reconozcan antes del amanecer
... Acerca el oído a su pecho
Está invadido por todas las olas de aquella tormenta
Allí aún naufragan veleros blancos
Devorados con el hambre oceánica de la tristeza que nadie conoce
Allí rompen piélagos impensables contra los acantilados de su piel
Resuenan en los huecos que cavaron sus latidos
Allí duermen las sirenas junto a los ahogados
Y sus sueños resucitan el dolor de las arenas que quedaron huérfanas de ojos y sonrisas
Allí una selva de corales traza laberintos de silencios petrificados
Despojados de ecos y rumores, ásperos y fríos caminos en los que sangra su historia
... Acerca el oído a su pecho
Y ahora asómate a su sima y déjate vencer por el viento que agita sus entrañas
Busca el ojo de huracán que arrasó todas las imágenes fatuas
... Escucha las hojas secas arremolinadas en sus rincones
Allí está su bosque de lamentos escondidos entre las sombras
Arraigado en las carnes laceradas por senderos ocultos bajo la niebla
Allí se aletargaron las palabras que nadie escuchó
Para cubrir la ramas que buscaban los astros cada noche de invierno infinito
Allí hablan los fósiles arrancados a pico cada madrugada ausente
Vagan perdidos y tropiezan ciegos de tierra y humedad
Allí trazó su cartografía arrastrando los dedos sobre el polvo de su huída
En busca de las coordenadas un territorio que pueda albergar su reino de amapolas
... Escucha mis hojas secas deshacerse entre tus dedos
No apartes tu mirada
Que la noche describa su órbita implacable entre mis hombros
Que despierte al alba de tus párpados
Mientras la escarcha acecha silenciosa los pasos de mis días
Que mis pupilas se traguen todos los soles del universo que se expande tras las tuyas
Que me habiten los mundos que alimentan las estrellas negras
No apartes tu mirada mientras aplaco mares y tierras
No apartes tu mirada de mis tinieblas
Deja que siga trashumando las cañadas de tus silencios
Deja que llegue a los pastos de tus cumbres
Deja que vuelva a soñar con la lucidez de quien nunca durmió.
martes, 17 de noviembre de 2015
Red
Apenas despejada la mañana
Respiro tu silencio
De seda luminosa
Espejo
Red de horas fugitivas sin cuartos
Ni medias
Sin saetas que las hagan pedazos
Tejes tu red sin rocío
En los ángulos de mis vacíos
Articulas trama y urdimbre
Y bordo tu nombre
Sin hilos
Con la sutileza de los gestos
que envuelven los días huérfanos
Devorados sin piedad.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
Volver.
Hay silencios muy blancos en la silla de al lado
Y quiero escucharlos
Cuando salmodian la tormenta en la ventana
Quiero escucharlos
Cuando tararean el olor a canela que huye de tus manos
Quiero escucharlos
Cuando silabean tus pasos antes de que llegues
Quiero escucharlos
Hay silencios muy blancos entre las sábanas, bajo el mantel, tras las cortinas
Y quiero escucharlos
Cuando cantan que amanece y la lechuza calla bajo el tejado
Quiero escucharlos
Cuando recitan versos quebrados contra el borde de la mesa
Quiero escucharlos
Cuando gritan a la tarde que arde en su pira
Quiero escucharlos
Hay silencios muy blancos asomados al patio de luces
Y quiero escucharlos
Cuando susurran para no despertar la ropa húmeda en las cuerdas
Quiero escucharlos
Cuando conversan quedos con las luces derramadas desde las ventanas
Quiero escucharlos
Cuando deletrean las palabras reptil que trepan por las cañerías
Quiero escucharlos
Hay silencios blancos en cada rincón de la casa
Y quiero escucharlos
Y dejar que me cieguen con su voz limpia
Para no ver el rastro de la lluvia que cesó y te lavó las manos mientras caminabas
Para no despertar sola al alba, rota y tener que arrastrar las cenizas
Para no respirar el vaho de la memoria que brilla en el primer cielo de cada noche
Y quiero escucharlos
Que me den su voz de rosas rojas esperando en el sillón
Su grito de vapor dibujado en el espejo del baño
Su lamento dormido en los huecos de la manta
Y con todos ellos
Reescribirte a la luz de las farolas, en el banco del parque entre los árboles que miran
Atentos y compasivos
Cada tarde
Cómo la noche me cae encima
Reescribirte bajo sus sombras, hoja sobre hoja,
Con la tinta invisible de este otoño que se empeña en amontonarse a mis pies
Despistado y torpe
Como un cachorro asomado al cubil
Reescribirte con detenimiento, sobre esos silencios blancos,
con la caligrafía de las hormigas centinela
Nerviosa y decidida
Ante el presagio de inundación
Reescribirte
Y volver
lunes, 28 de septiembre de 2015
Secuestro
La carretera abre la boca del infierno
La luz del fondo recorta al cancerbero
Sólo la cuneta se traga la velocidad de mi sangre
Y dejo que una raposa muerta me cuente su historia de oscuridad y estruendo
Los matojos se estremecen bajo el peso de la bruma
Y huyen giróvagos acariciando la sequedad de mis ojos
El océano celeste desaparece tras ellos
Buscando otros paisajes
Otros lugares ilesos que no despierten el tiempo
La gravilla que se escapa del arcén
Rezuma un abandono extraño
Aquél que se ausenta entre cada exhalación
Ése que recorre con los dedos las dermis dormidas de todas las tardes
Éste que me obliga a la quietud de un grito
Cuando el silencio penetra el aire y lo preña de vacío ahogado
La mirada hipnótica del poniente se apaga
Sus pesados párpados me arropan con lentitud y humedad
Se envuelven mis pupilas en las caracolas de la noche
Un sueño viscoso se deleita al tragar las últimas imágenes
Restos de las llamas que mueren bajo el peso de un eco sordo fugitivo de tu memoria
Mientras el plomo oxidado del final de todas las historias
Da negra sepultura a los últimos coletazos de un día que es cualquiera
Cualquiera
Nada de lo que dejé olvidado viene a rescatarme
Nada de lo que traigo es sólido pedestal
Nada de lo que encuentre será consuelo
Sólo el aliento de un sueño
Evocado con lucidez cualquier noche entre las distorsiones de la realidad
Rescatará el presente
Y no habrá luz ni oscuridad
Que no sean mías
Ni relato alguno que me desmienta
Calla la raposa
Desaparece la cuneta y el silencio vomita sobre el salpicadero
La agria ausencia de tu voz
Háblame
No me prives de las palabras antídoto que llenan tus manos
No dejes que el paisaje me consuma en su hoguera
Háblame
Que tu voz es el rescate exigido por la noche que me secuestra en cada horizonte
Háblame
Repite el conjuro que me acaricia la nuca
Y devuélveme como cada día al mundo que ha de ser
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Invierno en Plutón
Anoche extrañé tu baile de lunas
Mientras el frío atravesaba el aire en mil rayas y me cortaba un traje a medida
Ajustado a la piel
Anoche extrañé tu lluvia de rosas
Mientras los terciopelos venecianos caían al suelo y me abandonaban
Hecha tejo milenario sin bosque
Anoche extrañé tus verbos antiguos
Mientras las aguas rompían a mis pies
Y me calzaban sus sandalias en blanco y rojo
Curtidas en Leúcade
Anoche extrañé tu silencio tinto escanciado
Mientras la copa rota sobre la mesa
Me acercaba el manantial en el que tejer púrpuras y linajes
Y me zambullía en su clara oscuridad.
Anoche extrañé tanto
Que el sueño me heló los fantasmas
Y la nieve cubrió las hojas de mis ramas
Anoche extrañé tanto
Que el sueño quebró con espumas mis pasos
Y un torrente descendió desde mis cumbres
Anoche fui un mísero y largo invierno en Plutón
lunes, 31 de agosto de 2015
Ráfaga
El cielo me prefigura un apocalipsis en exclusiva
pongo el filtro "viñeta" en mi campo visual
y dejo que las farolas en fuga dibujen una vieja carretera luminosa por la que desaparecer a toda velocidad.
Se desarma el paisaje en jirones de luz
Resbala por los borde de las retinas
Y esquiva las esquinas nerviosas del pensamiento
Los vientos del norte azotan las aceras
Las fachadas se desperezan indolentes
Y entre bostezos tragan las carnes del tiempo
exhaladas desde pulmones tísicos que agonizan entre estertores
Duermen por el suelo cristales rotos de cielo
Paso cargando todos los silencios
Un peso que no quiebre su sueño descalzo
Y, apenas se estremecen, esteran los horizontes que cubren mis ojos con el destello frío de todas sus aristas
La calle se desdibuja temerosa del predador de instantes que me acecha imperturbable
Y sólo el aliento que me arrastra le quiebra las piernas
Y deja libre la acera fosca de suelas sin huella
El silencio estalla en este callejón estrecho
Atajo cruel de la memoria disfrazado de neones y bullicio
Y rebota sordo entre las paredes, golpea mis recodos despertando un dolor antidisturbios que sacude el aire y abate el pensamiento
Sé que sola cruzaré esta ciudad que me habita
Sé que escaparé de ella antes de que la descubra el amanecer y crezca hasta mí,
rueda de la Fortuna infatigable
que me devolverá a ella una vez más
Como todas las anteriores
Y vuelvo a mí sin mí
jueves, 13 de agosto de 2015
Esa otra lluvia
No será riada de rotativos
No atorará ondas medias ni moduladas
No se orillará como spam
Ni anegará rumores de calle o barra de bar
Llueve lejos y moja aquí
Relampaguea silenciosa
Atormenta el iris de unos ojos cerrados
Truena muda más allá de los cristales sucios de mis ventanas
Se desliza por un cielo inabarcable
Estalla y craquela el polvo que cubre los alféizares en los que apenas se yerguen fibrosos tallos esqueléticos
Llueve lejos y moja aquí
Inunda cuencas sedientas de reflejos turbios
Crece descontrolada para abrirse paso sin discriminación
Ofidio venenoso, mandíbula desencajada, devoradora insatisfecha
Atraviesa en silencio poros y grietas, cuchillo frío
Descuartiza carnes, desolla memorias
Ahoga amagos de voz
Desmembra los tiempos apenas intuídos de existencias fugaces
Llueve lejos y moja aquí
Esa otra lluvia que promete limos nutricios tras la devastación
Esa otra lluvia empeñada en no regalarme la posibilidad de salvar nada
Ahogarse y respirar después, en la orilla.
Esa otra lluvia, alerta roja.
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