Ese reflejo acodado en verde
escudriña un mundo parapléjico
haciendo hablar acertadamente
a los amortajados del tiempo
lúcidas palabras en tocata y fuga
ritmando sílabas y sinsentidos
que exclaman inaudibles mentiras
acalladas por el ruido de los vivos.
Sin pestañear.
Has vuelto... sólo un momento.
Fue un instante blanco.
Y allí estaba yo,
esperando. Siempre
te espero,
sé que estás ahí,
oculta bajo los tules del tiempo,
agazapada
entre las altas hierbas de la añoranza.
Los sueños no son peligrosos.
¿Por qué te escondes?
Observas cómo se agitan las hojas,
tu sepulcral silencio
germina.
Y aquí sigo esperando,
viendo el infinito que te acompaña,
esperando tu claridad,
tu bocanada cruel que pronto se acaba,
que siempre regresa...
Has vuelto un momento
y te has asomado,
y nos hemos reconocido.
Los sueños no son peligrosos,
sólo hay que llamarlos,
y dejarlos comer de la mano.
Has vuelto y... por un momento
has sido mi sueño
en un instante blanco.
Se encontró rodeada de mundo, y supo que debía empezar a vivir. Se dejó llevar, admiró lo simple y con lo poderoso se sobrecogió, y descubrió, conoció y nombró. Cuando se fijó en aquel que caminaba a su lado quedó desconcertada. ¿Era la primera vez que lo veía? No estaba segura, sentía que siempre había estado junto a ella, pero no lo había percibido así hasta ahora y...¿por qué ahora? Dejó pasar los pensamientos sin detenerse en ellos, y siguió adelante. Nunca supo que él quedó atrás, viendo cómo el viento vestía su cuerpo y le golpeaba con ese aroma que ya nunca más invadiría su deseo, viendo cómo se le escapaba, dejándola marchar porque ella arrastraba aquello que él no habría sido capaz de empujar. Solo, extraño, no dejaba de mirar las anémonas del camino...
El horrible ruido del martillo eléctrico no acallaba las voces que pugnaban por hacerse oir, retumbando en todas la circunvoluciones de su cerebro, y lo único que hizo fue regalarle un espléndido dolor de cabeza que perdió todo su encanto cuando desató el lazo con un insignificante comprimido. Aquello fue una revelación,... sus voces quisieron quitarse de golpe todas las jaquecas que tenían de gritarse unas a otras. Lo último que sintió fue cómo su cabeza se llenaba de flores de saúco...